El 25 de julio de 1819, hace 207 años, se libró la histórica Batalla del Pantano de Vargas, en el municipio de Paipa, Boyacá, uno de los combates más decisivos de la Campaña Libertadora liderada por Simón Bolívar. Aquel enfrentamiento fue el preludio de la victoria definitiva alcanzada el 7 de agosto de 1819 en la Batalla del Puente de Boyacá, que consolidó la independencia de la Nueva Granada.
Tras el difícil cruce del Páramo de Pisba, el Ejército Libertador llegó exhausto al altiplano boyacense. Las tropas realistas, comandadas por el coronel José María Barreiro, intentaron detener el avance patriota en el Pantano de Vargas. Durante varias horas, la batalla parecía favorecer al ejército español, mientras los soldados republicanos luchaban en medio del barro, el frío y el agotamiento.
En el momento más crítico del combate, el Libertador Simón Bolívar pronunció la histórica orden al coronel Juan José Rondón: «¡Coronel, salve usted la patria!». Rondón, al mando de apenas 14 lanceros llaneros, respondió con una de las cargas de caballería más memorables de la historia militar de América. A ellos se unieron posteriormente otros jinetes patriotas, logrando romper las líneas realistas y cambiar el curso de la batalla.
La victoria en el Pantano de Vargas elevó la moral del Ejército Libertador, frenó el avance español y permitió reorganizar las fuerzas independentistas para continuar la ofensiva que culminaría, trece días después, con la victoria en el Puente de Boyacá, hecho que aseguró la independencia de la Nueva Granada y abrió el camino para la creación de la República de Colombia.
Este episodio convirtió a Rondón y a sus lanceros en símbolos permanentes de valentía, disciplina y sacrificio por la libertad. Su legado permanece vivo en el Arma de Caballería del Ejército Nacional de Colombia, que cada 25 de julio conmemora su día recordando aquella gesta heroica.
Hoy, el Arma de Caballería mantiene intactos los valores de honor, valor, lealtad y servicio. Aunque el glorioso corcel ha sido reemplazado por modernos vehículos blindados y capacidades mecanizadas, su misión continúa siendo la misma: marchar siempre al frente para proteger la soberanía, la seguridad y la paz de todos los colombianos.
A los hombres y mujeres que integran el Arma de Caballería del Ejército Nacional de Colombia, reconocimiento por su compromiso, profesionalismo y entrega permanente al servicio de la Nación.


