El chigorodoseño pasó de desempeñar diversos oficios para salir adelante a convertirse en director ejecutivo de Guerreros Dorados, donde hoy recorre el país en busca de las futuras promesas del fútbol colombiano.
La historia de Edward Mena es un ejemplo de perseverancia, disciplina y amor por el fútbol. Antes de asumir un cargo directivo en un club deportivo, tuvo que enfrentar diferentes desafíos para salir adelante, desempeñándose en varios oficios y dedicándose a la venta de legumbres y flores, actividades que le permitieron sostenerse mientras luchaba por alcanzar sus metas.
Su vínculo con el deporte comenzó en Chigorodó, Antioquia, donde hizo parte del club Real Floresta. Allí dio sus primeros pasos en los procesos de formación de futbolistas y conoció de cerca el enorme potencial que existe en los jóvenes talentos de la región de Urabá.
Con el propósito de seguir creciendo profesionalmente, decidió trasladarse a Bogotá en busca de nuevas oportunidades. En la capital encontró un espacio para continuar ligado al fútbol al integrarse al proyecto Guerreros Dorados, organización en la que actualmente se desempeña como director ejecutivo.
Desde ese cargo, Edward Mena lidera procesos de identificación y formación de nuevos talentos, recorriendo diferentes regiones de Colombia para observar a jóvenes futbolistas que sueñan con llegar al fútbol profesional.
Su experiencia personal le permite comprender las dificultades que enfrentan muchos deportistas para abrirse camino, razón por la cual trabaja para brindar oportunidades a quienes cuentan con condiciones deportivas, pero necesitan una vitrina para demostrar su talento.
La trayectoria de este urabaense refleja cómo el esfuerzo, la constancia y la pasión pueden transformar la vida de una persona y convertirla en un puente para que nuevas generaciones persigan el sueño de llegar al fútbol profesional.


