Más de 80 mil personas damnificadas por las lluvias y desbordamientos en el Chocó; comunidades del Bajo Baudó, Medio y Bajo Atrato, incluyendo Bajirá, enfrentan la emergencia con resiliencia y unión.
Las intensas lluvias que golpean al departamento del Chocó desde finales de octubre han dejado una estela de destrucción en municipios como Medio Baudó, Bajo Baudó y el Bajo Atrato. Sin embargo, las comunidades ribereñas, herederas de una profunda tradición de resistencia, vuelven a demostrar que ni el agua ni el abandono estatal logran detenerlas.
En los últimos días, La Chiva de Urabá ha registrado el dramático aumento del caudal de los ríos Curbaradó, Bajirá y Atrato, cuyos desbordamientos han dejado más de 80 mil personas damnificadas, viviendas inundadas, cultivos arrasados y una situación de calamidad pública en varias zonas del Chocó.
Uno de los municipios más afectados es Medio Baudó, donde las lluvias que no cesan desde el 27 de octubre han afectado a cerca de 3.000 familias. El agua ha cubierto amplias extensiones de tierra, ocasionando pérdidas materiales y graves daños en los cultivos que sustentan la economía local.
Debido a su ubicación geográfica, Medio Baudó actúa como cuenca de recepción del caudal que baja desde el alto río Baudó y sus afluentes, lo que provoca que el agua permanezca estancada entre 8 y 10 días, dejando a los habitantes en un estado de indefensión. El Comité Municipal de Gestión del Riesgo declaró el estado de calamidad pública el pasado 30 de octubre, mientras se coordinan acciones de ayuda humanitaria.
A la difícil situación se suman las comunidades del Medio y Bajo Atrato, incluyendo Bajirá, donde las crecientes también han afectado viviendas, escuelas y caminos rurales. En muchos sectores, los habitantes han tenido que desplazarse a zonas altas, improvisando refugios mientras esperan asistencia oficial.
Pero, “el chocoano no se vara”, no puede quedarse con los brazos cruzados. Desde tiempos ancestrales, el pueblo afrocolombiano ha aprendido a reconstruirse en medio de la adversidad, levantando sus casas, sembrando de nuevo sus tierras y apoyándose mutuamente. Con ayuda o sin ayuda estatal, después de cada inundación, las comunidades del Chocó se reinventan y siguen adelante, demostrando que su verdadera fortaleza está en la unidad, la esperanza y el amor por su territorio.


