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Nos quedan las canciones de “El Charro de Huentitán”

Vicente Fernández nació en Huentitán, Alto Jalisco,  el 17 de febrero 1940, hijo de Ramón y Paula Gómez, y falleció a los 81 años de edad, en el hospital  Country 2000 de Guadalajara, desde el momento que la familia dio a conocer el deceso, medios de comunicación de México y todo el mundo han estado en el cubrimiento de la noticia que enluta al mundo de la música ranchera mexicana.

El artista estaba recluido en el centro asistencial desde principios del mes de agosto de este año, luego de sufrir una caída que comprometió su columna vertebral.

Su última voluntad

Hace años Vicente Fernández había dado instrucciones de cómo sería su despedida del mundo terrenal:

“No quiero que me traigan como vendiendo charamuscas por todo el país en un cajón, y sobre contar mi vida, no, mi vida ya la conocen todos ustedes desde un principio, el día que Dios me recoja me gustaría que fuera normal y el que quiera acompañarme, pero normal, como cualquier ser que se ganó el cariño del pueblo, quiero que me recuerden como un ser humano que el único éxito que tuvo fueron ustedes”: Vicente Fernández.

El mundo llora al intérprete de La Ley del Monte, El Arracadas, No se me rajar, Volver, Volver, Qué de raro tiene, El Rey, Por tu maldito amor, y de más éxitos dejados en 100 álbumes, en más de 50 años de vida musical, más de 70 millones de copia vendidas,  32 películas filmadas entre 1971 y 1991, además dejó más de 300 canciones grabadas que las presentes y futuras generaciones conocerán en la medida que Sony Music las dé a conocer.

Antes de su retiro definitivo hizo conciertos en muchas partes del mundo a Colombia, en 1980 y se despidió en 2012, pero su retiro definitivo fue en el Estadio Azteca el 16 de abril de 2016; en el concierto  llamado “Un azteca en el Azteca”, donde frente a sus miles de seguidores interpretó de inicio “No se me rajar”:

A mí no me asustan tipos lengua larga/ Que solo presumen para apantallar/ Yo soy de los hombres que no temen nada/ Y aunque este perdido no me sé rajar, ahí repitió su célebre frase: “mientras ustedes no dejen de aplaudir, yo no dejo de cantar, que al cabo esta es la última noche que canto”.

Ese día se retiró de los escenarios, pero no de la música, quiso retirarse   siendo fuerte para que no tuvieran que ayudarle a subir al escenario, pues su vicio fue cantar desde los seis años cuando le dijo a la mamá viendo una película de Pedro Infante, que él sería igual que su ídolo, a los 8 años le regalaron una guitarra, a los 14 ganó un concurso  en Guadalajara. En 1954 cantaba en bares, bodas,  fiestas de los amigos, y su gran oportunidad fue al grabar con la CBS en 1966.

Sus amores

Entre sus más preciados amores, además de sus padres,  siempre estuvo su esposa María del Refugio Abarca Villaseñor, Cuquita, “la Chaparrita Caderona”, sus hijos Vicente, Alejandro, Gerardo, Alejandra, y 11 nietos, quienes ya no le verán madrugar en la finca Los Tres Potrillos en las afueras de Guadalajara, a revisar cuántas vacas habían parido y montar en sus caballos. 

“Yo soy muy feliz, soy ganadero y me gustan mucho los caballos, mi gusto es levantarme temprano, ir a ver cuántas vacas parieron, y ese es mi diversión aquí, no me enfada, es mi vida, a mí que no me saquen de mi rancho”, había dicho en una de sus últimas entrevistas.

Ahora que parte al reencuentro en la eternidad con  Antonio Aguilar, Pedro Infante, Jorge Negrete, Tito Guízar, Miguel Aceves Mejía, José Alfredo Jiménez, Javier Solís y demás iconos de la música ranchera, Vicente Fernández “El Charro de Huentitán”, nos deja el legado musical que impactó en la mente de generaciones enteras de seres humanos de Latinoamérica y el mundo. 

Paz en la tumba del gran “Chente”. 

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