Luego de 10 días de la creciente súbita que arrastró Vanessa Pérez y a su hijo mellizo de cuatro años de edad Nicolás López, y de una vez los organismos de socorro y familiares llegaron a la conclusión que era infructuosa su búsqueda, los familiares y amigos del pequeño Nicolás optaron por realizar un entierro simbólico en el puente principal de Mutatá, el mismo que por debajo corren las aguas que se lo llevaron para siempre.
No valieron los esfuerzos de los organismos de socorro, ni de los pescadores, ni el ofrecimiento de tres millones de pesos de recompensa a quien lo encontrara, al niño Nicolás las aguas enfurecidas del rio Mutatá que desemboca en el Riosucio se lo tragaron.
Los familiares, voluntarios, la comunidad de Frontino, de donde es nativa la familia, siempre estuvo acompañando con acciones y oraciones para que el pequeño cuerpo fuera encontrado.
Sin embargo, todavía los familiares piden a los pescadores y habitantes de las riberas del Atrato y el río Curbaradó, estar atentos, porque lo último que quieren perder es la esperanza de encontrarlo y darle cristiana sepultura.


