Hace siete años, Moisés Álvarez, un venezolano de 36 años, llegó a la región con una maleta llena de sueños y la esperanza de encontrar un nuevo comienzo. Hoy, mira atrás con gratitud y reconoce que, a pesar de los desafíos, ha construido una vida digna junto a su familia, gracias a la fuerza que —afirma— “Dios le ha dado”.
“Me siento una mejor persona, y Urabá se ha vuelto mi hogar”, expresó.
Su historia es ejemplo de perseverancia. Inició trabajando como domiciliario en la empresa Inversiones Manantial de Sucre, y con disciplina, responsabilidad y compromiso logró ascender a vendedor; el inicio de un camino de superación.
Con el tiempo, Moisés ganó experiencia laboral, cariño y respeto de sus compañeros. Sus colegas lo describen como un hombre de valores sólidos, confiable y siempre dispuesto a ayudar.
Moisés Álvarez es, sin duda, uno de esos ejemplos silenciosos que enriquecen a Urabá y recuerdan que esta tierra es también un espacio de oportunidades, como el Moisés bíblico quien también encontró su segunda oportunidad.


