La cuarta versión del Festival de la Babilla y la Caña Flecha reafirmó la riqueza cultural, los saberes tradicionales y la identidad del pueblo Senú en el Urabá antioqueño y Córdoba.
San Pedro de Urabá fue escenario de una de las celebraciones más coloridas y significativas para la comunidad indígena Senú. Con música, danza, gastronomía, tejidos y saberes ancestrales, se realizó la cuarta versión del Festival de la Babilla y la Caña Flecha, un espacio dedicado a honrar las raíces y revitalizar la identidad cultural de este pueblo milenario.
La apertura del evento tuvo lugar el miércoles 29 de octubre con un recorrido por las principales calles del municipio, donde dos chivas llenas de alegría y tradición transportaron a los miembros del resguardo del Río Alto San Juan.
“Este año llevamos a cabo con éxito la cuarta versión de la babilla y la caña flecha, con el fin de honrar nuestras raíces, realzar y conservar nuestra identidad como pueblo indígena Senú”, relató a La Chiva de Urabá Andrea Montes, coordinadora educativa y vocera del resguardo, para la realización de esta publicación.
Durante los días 30, 31 de octubre y 1 de noviembre, la programación continuó con exposiciones culturales, cuadros vivos, danzas tradicionales, concursos y juegos autóctonos. En el Cabildo Riberas del Río San Juan, los asistentes disfrutaron de la muestra gastronómica con productos como babilla asada, frita, molida, cocida, además de preparaciones típicas como la gallina guisada con sumo de coco y el seviche de babilla con bollo limpio y ají picante, manjares que hacen parte del menú tradicional Senú.
Uno de los momentos más esperados del festival fue la elección de la “diosa” Senú, una representación simbólica que exalta la belleza y sabiduría de la mujer indígena. Cada sede educativa de los diez cabildos ubicados entre San Pedro de Urabá y Valencia (Córdoba) presentó su candidata, resultando elegida como ganadora la representante de la comunidad Dividivi, de la vereda San Juancito Arriba, (foto en la portada).
Orgullo y herencia del pueblo Senú
El Senú, es uno de los pueblos indígenas más antiguos y representativos de Colombia. Su presencia se extiende principalmente en los departamentos de Córdoba y Sucre, con comunidades también en Antioquia (Urabá) y el Chocó.
Históricamente, los Senú destacaron por su ingeniería hidráulica ancestral, con sistemas de canales y drenajes que permitieron el manejo de grandes extensiones de tierra entre los ríos San Jorge, Sinú, Cauca y Magdalena. Este legado, considerado una de las obras más avanzadas de América precolombina, evidencia la sofisticación y conocimiento ambiental de sus ancestros.
Hoy, sus comunidades mantienen viva una cultura basada en la agricultura, el tejido y la medicina natural. Aún conservan medidas tradicionales como la totuma (para pesar), la vara (de un metro) o el geme (una cuarta de mano), y determinan la hora observando el sol.
Su sistema de salud ancestral incluye remedios como la contra, jarabes naturales, baños de plantas y la práctica de ventosas para tratar “aires” en el cuerpo, una técnica transmitida por generaciones.
El tejido en caña flecha —materia prima del icónico sombrero vueltiao, declarado patrimonio cultural de la nación— es otra de sus manifestaciones más representativas. Este arte no solo tiene un valor económico, sino también espiritual, pues cada trenza, figura y color simboliza la conexión entre la tierra, el tiempo y la comunidad.
Una comunidad viva que resiste y enseña
La autoridad tradicional Senú está conformada por el Cacique Mayor, la Guardia Mayor, Guardias Menores, Regidor, Fiscal, Tesorero y Secretario, estructura que refleja su organización comunitaria y su gobierno propio.

Durante el festival, la comunidad reafirmó que preservar su cultura es una forma de resistencia y orgullo. “Estos espacios permiten que los niños y jóvenes conozcan nuestras raíces y sientan orgullo de ser Senú”, destacó la vocera del resguardo.
Más de dos mil personas participaron en esta cuarta edición, mostrando que la tradición sigue viva y que los pueblos indígenas continúan siendo un pilar fundamental del tejido social y cultural de Urabá.
La celebración no solo fortaleció los lazos comunitarios, sino que también se consolidó como un acto de memoria, identidad y esperanza para un pueblo que ha sabido mantenerse firme ante los retos de la modernidad y la pérdida de territorio.


