Una familia de Apartadó vivió un momento de angustia cuando una bala perdida atravesó el techo de la casa y terminó incrustada en la cama de un menor, en el barrio Rosales.
El hecho ocurrió en horas de la tarde del día 8 de diciembre del año 2025, mientras el niño acompañaba a su madre en el negocio.
El impacto fue grabado en video, donde se aprecia claramente el agujero que dejó el proyectil dentro de la habitación.
La familia exige a las autoridades investigar para determinar el origen del disparo, y advierte que este tipo de situaciones pone en riesgo a cualquier hogar, especialmente en temporada navideña.
Según reflexionó el señor Oscar Mauricio Gutiérrez Moreno —seguidor de La Chiva de Urabá— cuando alguien dispara al aire no considera que esa bala puede alcanzar distancias considerables y que su caída libre puede ser tan peligrosa como una bala dirigida. Esa advertencia no está lejos de la realidad: las armas de fuego, disparadas sin control o hacia el cielo, siguen siendo causa de tragedias lejos del punto de origen del disparo.
🎯 Alcance real de una bala disparada al aire
Expertos en balística advierten que una bala disparada hacia el cielo puede alcanzar una gran altura antes de comenzar su caída. Cuando regresa al suelo, aunque haya perdido parte de su velocidad inicial, sigue con suficiente energía como para lesionar gravemente o incluso matar a una persona. Estas trayectorias —impredecibles e indiscriminadas— hacen que el peligro no esté solo en el lugar del disparo, sino en cualquier sitio donde esa bala termine su recorrido.
Esto convierte lo que en algunas celebraciones se considera un acto “inofensivo” en una lotería contra la vida: la pólvora se mezcla con la imprudencia, y el blanco muchas veces es inocente.
Víctimas inocentes de balas perdidas
El conato de tragedia en Apartadó no es un hecho aislado. En los últimos años, múltiples casos han dejado víctimas, muchas veces menores de edad, que nada tenían que ver en el origen del disparo:
En octubre de 2023, un niño de 8 años murió en la ciudad de Pereira tras ser alcanzado por una bala perdida mientras jugaba cerca de su casa. En el hecho también resultó herido un primo suyo de 12 años.
En noviembre de 2023, en Cartagena de Indias —en el barrio La Esperanza— un niño de 10 años murió luego de recibir una bala perdida en medio de un ataque sicarial. Otro menor resultó herido.
En 2022, una niña de 4 años murió en un barrio de Villavicencio luego de ser alcanzada por una bala perdida mientras jugaba frente a su casa.
A comienzos de 2025, en el Pacífico, un menor de 7 años en Buenaventura fue declarado con muerte cerebral tras resultar impactado en la cabeza por una bala perdida que se cree salió de disparos realizados por pandillas.
Estos y otros casos demuestran que una bala perdida no respeta edades, barrios ni clases sociales . Y aunque muchas víctimas coinciden con celebraciones o noches de fiesta —momentos en que los disparos al aire se multiplican— el peligro está ahí, al final incierto que tendrán las balas hechas por algún irresponsable.
Celebrar no puede costar vidas
Disparar al aire —sea por celebración, por imprudencia, por el uso irresponsable de armas— no es un acto inocuo. Cada bala puede terminar su recorrido en una casa, en una calle, en un barrio, alcanzando a personas que solo intentaban vivir un día común. Como lo evidencia el sufrimiento de familias en Apartadó, Pereira, Cartagena, Villavicencio o Buenaventura, entre muchos otros lugares: las víctimas suelen ser niños, madres, vecinos —gente común que no tiene nada que ver con quienes empuñan el arma.
La vida de un niño, la tranquilidad de un barrio, el descanso de una familia puede arruinarse por un disparo lanzado “por diversión”. Por eso, esta no es solo una denuncia: es un llamado de alerta, de conciencia colectiva, de responsabilidad ciudadana. Que la historia de Apartadó —y las muchas otras como esta en el país— nos recuerden que detrás del estruendo de un tiro puede haber una tragedia irreparable.
Para aquellos que aún creen que disparar al aire “no es para tanto”: piensen en esa bala como un proyectil sin blanco —pero con destino. Un destino que puede ser una sala, una ventana, una cama. Un destino donde puede haber una familia, un niño, una vida que puede ser truncada.

