Jesenia Madera, de Pueblo Nuevo, Necoclí, recorre veredas llevando ayudas

En medio de las fuertes inundaciones que han afectado a varias comunidades rurales del municipio de Necoclí, en el Urabá antioqueño, una mujer se ha convertido en símbolo de liderazgo y solidaridad: Jesenia Madera, presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC) del corregimiento Pueblo Nuevo.

Con botas, voluntad y una motocicleta como principal herramienta de trabajo, Jesenia amasa barro y mantiene el equilibrio en sus recorridos por  veredas y caminos para atender a las familias que lo han perdido casi todo. Su labor, según cuenta, no tiene motivación económica, sino el deseo genuino de servir.

Pueblo Nuevo un lugar marcado por la historia

El corregimiento Pueblo Nuevo, donde Jesenia ejerce su liderazgo comunal, es un territorio que guarda una memoria histórica importante: allí, en 1991, el grupo guerrillero EPL dejó las armas y se reintegró a la vida civil van a hacer el próximo 1 de marzo 36 años.

En ese proceso, el Gobierno Nacional prometió obras y transformaciones para la región, compromisos que, según recuerda la comunidad, nunca se cumplieron, dejando a muchos habitantes con necesidades históricas sin resolver.

Hoy, décadas después, la realidad vuelve a golpear con fuerza, esta vez por cuenta de la emergencia invernal.

“Yo no sufrí ninguna calamidad, pero mi comunidad sí”

Durante un recorrido por las zonas afectadas, Jesenia Madera habló con La Chiva de Urabá mientras seguía atendiendo a su gente. Con la sinceridad de quien vive la situación desde el territorio, afirmó:

“Yo no sufrí ninguna calamidad, pero mi comunidad sí. En estos momentos estoy en la vereda Villa Sonia”.

La lideresa explicó que se mantiene en constante movilidad, visitando sectores rurales donde el agua dañó viviendas, cultivos, enseres y alimentos.

Una moto, una red solidaria y un liderazgo sin sueldo

Jesenia tiene un hijo y asegura que más adelante seguirá contando su historia personal, pues su prioridad hoy es continuar el trabajo comunitario. Mientras hablaba, encendía su motocicleta para seguir el recorrido solidario por las veredas.

A bordo de su moto, organiza, recolecta y entrega alimentos y ayudas básicas a las familias damnificadas. Su labor voluntaria se sostiene gracias a:

  • Amigos y vecinos del corregimiento
  • Personas solidarias del municipio
  • Ciudadanos de buen corazón que confían en su gestión

La presidenta de la JAC no recibe pago monetario por su trabajo, pero insiste en que su mayor recompensa es ver cómo la ayuda llega a tiempo a quienes la necesitan.

Trabajo en equipo para llegar a más familias

Jesenia no trabaja sola. Se hace acompañar por otros miembros del corregimiento para lograr que la ayuda se distribuya con orden, oportunidad y transparencia.

Este esfuerzo colectivo demuestra que, incluso en los momentos más difíciles, la mayor fortaleza de Urabá sigue siendo la unión, la empatía y el liderazgo comunitario.

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