Opinión | Apuntes de un proceso

 

OPINIÓN | JAIRO BANQUETT

Comunicador social periodista 

En el año 2003, fundamos el movimiento político social llamado Apartadó con Rostro Humano y participamos, a pesar de saber que los grupos de poder del momento tenían seleccionada a la persona que los representaría, aún sin haberse realizado las elecciones.

“Fenómenos políticos se han dado y tal vez usted sea uno de ellos, pero todo está cuadrado para quien será el próximo alcalde”, me comentó uno de los determinadores.

Cubierto de que mi vida no correría peligro, nos lanzamos a las calles a pregonar de esquina en esquina, meses después habíamos conformado 48 comités de apoyo, y en las urnas aparecieron de manera oficial más de 3.300 votos, el cincuenta por ciento de los que sacó el “ganador”.

Los pocos activistas hicieron de testigos electorales, pero no teníamos la malicia de la política, ni sabíamos las trampas de algunos funcionarios de la Registraduría que también eligen, y en ese entonces pusimos un concejal en la persona de Adolfo Romero Benítez.

Nuestra contabilidad registró gastos por unos treinta millones de pesos, producto de un bono de apoyo, o rifa de dos vacas, con el slogan ‘Apartadó será una vaca para todos’. Elegimos ediles a las juntas administradoras locales, y nos ganamos el respeto de la clase política tradicional que reconocía, en privado, que los únicos votos trasparentes habían sido los nuestros.

Logramos ganar el voto de opinión existente, y la esperanza de una parte pequeña del municipio político que creyó en la propuesta de Apartadó con Rostro Humano, era gente de a pie, vendedores ambulantes, desempleados, especialmente amas de casa, mal haría con mencionar algunas, porque no sería justo omitir nombres.

La inexperiencia nos llevó a paralizarnos casi cuatro años en materia organizativa política, aunque desde el Concejo con Adolfo, y yo desde la radio, seguíamos acompañando los reclamos de la gente, denunciando los abusos del poder, los que me llevaron a ganarme una insultada del líder paramilitar de ese entonces, conocido como HH, en el corregimiento El Dos, a donde había ido con una carpeta llena de hechos de corrupción, y cuando me estaba bajando del carro me gritó: “Deja de estar chimbiando con esa maricada…”

Creo que la situación no pasó a mayores porque había ido en compañía de una persona influyente.

Nervioso me acerqué al mostrador de una tienda de la plaza, pedí una gaseosa, el dependiente me preguntó de qué sabor y le dije lo que sea, me la empiné de un solo trago sin importar los gases que a veces no dejan tragar. Con lo bravo que estaba ese hombre, la saqué barata. Lo demás no lo puedo contar, pero seguí al frente del control social desde el periodismo.

La candidatura a la Alcaldía del 2003 estuvo en medio de la influencia de lo que había sido el Proyecto Político Regional Urabá, Grande, Unida y en Paz, que terminó su vida orgánica ese año, cuando Jorge Pinzón aspiró la Asamblea de Antioquia por el Partido Liberal, y se había conformado la Alianza Política Regional en cabeza de Manuel Morales Peña.

Esos elementos no fueron tenidos en cuenta por parte de un fiscal corrupto llamado William Gildardo Pacheco Granados, para llevarnos preso y hacernos condenar por más de siete años de prisión en el proceso de la parapolítica en Urabá, y quien hoy está preso en una cárcel de Fusagasugá por el delito de desaparición forzada, y extrañamente aceptado en la Justicia Especial para la Paz – JEP -.

Seguiremos…

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