OPINIÓN | JAIRO BANQUETT
Comunicador social periodista
Uno de los emprendimientos más exitosos de Urabá, por fuera de la agroindustria bananera, ha sido Supermercado Consumax, cuya cabeza principal ha sido Jhon Fredy González, miembro de una familia que, cuando llegué a Apartadó en el año 1981, probaban suerte con la panadería Flor del Trigo, sitio de referencia en el barrio Pueblo Nuevo, cerca de la Y.
Con González nos han unido la relación comercial a través de Antena Stereo y La Chiva de Urabá, me ha comprado yuca y plátano para surtir sus negocios.
Terminando la primera década del siglo pasado me contactó con los propietarios de una marca de arroz, que a través de un plan publicitario desde la radio introducimos al mercado, y en una tertulia me narró el cómo incursionó en el negocio de los víveres y abarrotes.
A través de crédito bancario compró una buseta, era el conductor y dormía en el carro para alcanzar turno en la madrugada; la única forma de comer y pagar las cuotas.
Al tercer mes estrelló la buseta y le tocó la angustia de no tener para los arreglos y pagar las cuotas. En esa angustia estaba cuando el propietario de una tienda de abarrotes le retó a cambiarla por la buseta: “No tengo experiencia en ese tipo de negocios”, pero su compadre Antonio le respondió: “Pero yo sí sé”, y desde entonces Antonio fue el Administrador de Merca Todo, que le dio vida a los primeros supermercados Consumo, uno de ellos ubicado en la calle del comercio a una cuadra del Parque La Martina, y el otro en Alfonso López, que pronto pasaron a llamarse Consumax.
El arriendo del Consumax del centro le quedó muy alto, y se dijo: “Con lo que voy a pagar aquí me voy para Currulao y me alcanza para pagar mi propio local”, así nació Consumax de ese corregimiento.
Posicionada la marca y llenados los estantillos de exhibición, los proveedores se peleaban por estar en Consumax. Les daban créditos a 30, 60, 90 y 120 días, y obtenían descuentos por pronto pago.
De allí en adelante el crecimiento era inevitable, buscó su propia marca, montó sus granjas de ganado y gallinas, y dijo: “Todo producto que vendan más barato que yo, lo pongo por debajo de ese precio, pero no nos van sacar del mercado”.
Jhon Fredy me enseñó a perderle el temor a los créditos bancarios para proyectos productivos, me dijo: “En cinco años le pagas el doble de lo que te prestó el banco, pero tú has debido ganar esa suma tres veces ¿Quién sale ganando?”, me insistía.
Esa conversación la tuvimos cuando todavía su hija Vanessa estaba estudiando, pero ya le ayudaba durante las vacaciones.
En otra ocasión, ante el coqueteó de las grandes superficies y los capitales golondrinas que han llegado, le pregunté si no le habían hecho ofertas para comprarle y me dijo que sí; ya llevaba 16 sucursales: “Cuando llegue a 20 o 22 tal vez venda para disfrutar mi vida, porque este negocio es muy duro”.
Jhon Fredy ha triunfado por su disciplina, honestidad y buen agente. Dos negocios se le han quemado, dos han sido saqueados, y ahora enfrenta un proceso judicial cuyos detalles no conozco, pero sé que saldrá adelante, completará la cadena de Consumax que quiere y tal vez la venda y se retire a vivir bueno.
Por lo pronto toda mi solidaridad y afecto con el amigo Jhon Fredy…


