Rosalba Zapata Cardona, una paisa nacida un 4 de diciembre cerca del parque de Bolívar en Medellín.
Llegó a Urabá cuando apenas tenía 17 años, y recién casada con el Diógenes Echeverri, ciudadano hondureño que participó en la aventura de siembra de banano, en donde la joven citadina sufrió las dificultades y privaciones de una inhóspita región, pero se acostumbró a vivir sin energía eléctrica, sin agua potable, entre los zancudos y las culebras, se volvió diestra en las labores de siembra, mantenimiento y recolección de racimos, aprendió a manejar buldócer, tractor y camiones.
Además se acostumbró al calor, a enfrentar dificultades, privaciones y riesgos, así formó su carácter, y fue creciendo como una mujer de grandes causas, con afán y amor por servir a los demás.
A los 18 años fue profesora de la misma escuela que ayudó a construir en un terreno de su propia finca, hoy, sus exalumnos le recuerdan las gestas y reconocen que ese fue el inicio de su rol social.
Doña Rosalba, como le dicen es reconocida por ser una persona íntegra, luchadora, ejemplo por su rectitud e incansable trabajo social. Esquiva la violencia y las personas agresivas, detesta la mentira y la traición, se entusiasma con la compañía de sus trabajadores y el abrazo de los niños y ancianos de las comunidades vecinas, valora la amistad y la honestidad.

Le gusta
Le gusta la comida italiana, escuchar noticias, leer un buen libro o ir a un buen cine, pero sobre todo, vive, sueña, ríe y llora por los éxitos o tropiezos en la vida de sus hijos, ellos son la razón de su vida y la causa de sus luchas.
Encuentra en la arquitectura paisajista y el diseño de interiores el escape predilecto para buscar en su interior el orden y la estética, su estilo gerencial establece valores, normas de comportamiento y disciplina, reglas y estrategias que la mantienen en el lugar de liderazgo dentro del mercado competitivo del sector bananero de Urabá.
Esta mujer lidera sin miedo a su equipo mediante el ejemplo; posee una visión de trabajo íntegro, recio y transparente, ganadora y trascendente; identifica rápidamente los talentos de sus colaboradores y los selecciona, capacita y entrena con orientación hacia el desempeño.
Es referente empresarial, ha ido más allá de lo que las leyes laborales le pautan a los patronos y, ejerciendo un notable liderazgo y pensando en el bienestar de sus trabajadores, ha permitido que en el mercadeo del banano de exportación, los trabajadores, sus familias y las comunidades en general hayan sido beneficiados con programas sociales cuyo resultado ha sido el mejoramiento de la calidad de sus vidas.

Nada para doña Rosalba ha sido fácil, su éxito le ha costado sudor y lágrimas, éxitos y fracasos, ensayo y error, confrontación y conciliación, amigos y enemigos.
Ha enfrentado a detractores, como cuando construyó instalaciones decentes, unidades sanitarias y un restaurante para sus trabajadores, lo hizo sin prestar atención a las voces que decían: «Rosalba está enterrando cemento», pero cuando las normas internacionales se hicieron exigibles en la actividad, ya en sus fincas el recorrido era amplio y más fácil la adaptación a las mismas.
La historia de Rosalba Zapata es un testimonio inspirador de resiliencia, generosidad y compromiso. Siempre ha tenido una voz de aliento y una mano amiga dispuesta a ayudar a sus trabajadores o a la comunidad.
Su apoyo a la cultura, su lucha contra la adversidad y su dedicación a la comunidad la convierten en un ejemplo a seguir. Esperamos que su historia continúe inspirando a otros empresarios.
Además de fundadora de Bananeras de Urabá, una organización que celebra su 60 aniversario este año, doña Rosalba ha demostrado que con esfuerzo y dedicación se pueden superar obstáculos y generar oportunidades. Su labor ha dejado huella significativa en Urabá.


