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A celebrar con los adultos mayores | Opinión Tomasa Medrano Ramos

POR: TOMASA MEDRANO RAMOS -DOCENTE Y LIDERESA AFRODESCENDIENTE DE TURBO

Cuando se trata de celebraciones en esta época especial, es importante pensar en las personas de la familia, en los niños, en quienes están lejos, enfermos, en prisión y además evocar de manera grata a los que fallecieron.

 Pero quiero escribir pensando en las personas adultas, en nuestros viejos, algunos de ellos ya padecen más de una enfermedad, han perdido movilidad de partes de su cuerpo, la visión, la memoria, escuchan solo lo que les interesa y en otros casos no quieren hablar con nadie.

Otros repiten los mismos cuentos y piensan que lo están contando como primicia, o sencillamente porque en algunos hogares perdieron la relevancia que tienen  y nadie los respeta, ni los tienen en cuenta para nada, en sus casas sus moradores  se despiertan y no entran a ver como amanecieron y qué necesitan.  Por lo general los relegan a la habitación más alejada, como si no existieran, y  en las  fiestas, paseos y celebraciones “nadie “quiere enredarse cuidándolos.

En esta sociedad donde prevalece el interés por las cosas materiales observamos que entre más vulnerable es la persona adulta, más olvidada y desprotegida se encuentra.

Esta época es oportuna para que  reflexionemos, saquémosle tiempo, busquemos en su maleta prendas que guardan no se para qué momento, animémoslos para que compartan, disfruten, luzcan tan coloridos como el arbolito de la navidad, que sean el centro de la familia, que los nietos y bisnietos les rodeen. 

Imagen de andreagen en Pixabay 

Que los abracen, les canten los villancicos, Faltan Cinco Pá las Doce,  y que después ellos narren las historias de la familia, junto con una que otra historia de travesura de sus padres. 

Es bueno también pensar en ellos cuando programemos las fiestas, entender su estado de ánimo y de salud, sobre todo si la celebración es en casa, el ruido la bulla, el horario, la comida debe ser  algo adicional según la necesidad de ellos. 

Hay que sacarlos a pasear en silla de rueda, llevarlos a la misa, a mirar en las tardes el mar, a leerles un libro, escuchar alabanzas, sentarlos en las mañanas o en las tardes en una mecedora cómoda al corredor de la casa para que se entretengan viendo pasar a las personas (aunque a muchos les da pena que se enteren de que hay un enfermo o adulto en casa y prefieran refundirlo al olvido). 

Ellos cuentan, son importantes y atenderlos debe ser una gran prueba de amor y gratitud por lo que nos han dado. LA VIDA.

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