El presidente Gustavo Petro anunció este jueves, durante la ceremonia de ascensos del Ejército Nacional en Bogotá, que “el mercenarismo ha quedado prohibido en Colombia”, tras la aprobación en último debate del proyecto de ley que adopta la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios, un tratado impulsado por la ONU desde 1989.
La noticia abre de nuevo el debate sobre qué es ser mercenario, dónde surgió este fenómeno, en qué conflictos del mundo sigue presente y por qué Colombia decidió cerrarles la puerta.
¿Qué es un mercenario?
La palabra mercenario proviene del latín merces (paga o salario). En su sentido más clásico, se refiere a combatientes que participan en un conflicto armado motivados principalmente por una retribución económica y sin obedecer a una causa política propia ni a lealtad nacional.
Desde la Antigüedad —en ejércitos como los griegos, cartagineses o romanos— existieron grupos de guerreros pagados por su habilidad militar. Con el paso de los siglos, el fenómeno se mantuvo: desde los condottieri italianos del Renacimiento hasta las compañías militares privadas modernas.
Hoy, aunque el derecho internacional cuestiona fuertemente su participación en conflictos, el mercenarismo no es un delito universal: cada país decide si lo prohíbe, lo regula o simplemente lo ignora.
¿En qué guerras se emplean mercenarios?
El uso de combatientes extranjeros pagados persiste, especialmente allí donde los Estados no pueden sostener ejércitos numerosos, o donde actores armados buscan personal altamente entrenado.
Entre los escenarios más documentados en los últimos años están: Ucrania: cientos de latinoamericanos —incluidos colombianos— han sido reclutados por empresas o intermediarios. Petro denunció que muchos de estos combatientes “no pueden salir y son prácticamente esclavos”.
Oriente Medio: en conflictos como Siria o Yemen, mercenarios —sobre todo de origen africano o ruso— han sido señalados por organismos internacionales.
África subsahariana: grupos como Wagner y otras compañías militares privadas han operado en países como Mali, Libia y República Centroafricana.
Sudán: también mencionado por Petro, donde hay presencia de fuerzas extranjeras pagadas en medio de la guerra civil.
Aunque algunos de estos combatientes son presentados como “voluntarios internacionales”, organizaciones de derechos humanos advierten que cuando media un pago y no existe vínculo político o nacional, se configura mercenarismo.
Países donde es permitido o no está regulado
La ONU ha rechazado el mercenarismo, pero no existe una prohibición mundial obligatoria. Cada Estado aplica sus propias normas.
Prohibido totalmente: Colombia (tras la aprobación del proyecto anunciado), Cuba, México, Venezuela y varios países africanos que ratificaron la Convención de la ONU.
Permitido o no prohibido explícitamente: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia. Estos países permiten compañías militares privadas o simplemente no castigan a ciudadanos que combaten en el exterior siempre que no violen otras leyes.
Regulado parcialmente: países europeos que permiten contratistas militares solo bajo estricta supervisión estatal.
¿Cuánto puede ganar un mercenario?
Las cifras varían ampliamente según el país, el tipo de contrato y el riesgo. Aunque no existe un estándar —y muchas ofertas son fraudulentas— medios internacionales han publicado rangos aproximados: desde pagos mensuales comparables a salarios militares locales hasta cifras mucho más altas cuando se trata de empresas privadas en zonas de alto riesgo.
Sin embargo, expertos advierten que muchos reclutas extranjeros terminan engañados, con sueldos menores a lo prometido, sin garantías de seguridad jurídica y en condiciones laborales precarias.
Petro pidió repatriar a los colombianos en Ucrania
Durante su intervención, el presidente fue enfático: “Ahí están los videos de los muchachos en Ucrania, tratando de salir y no los dejan, son esclavos. Le pedí a la Canciller que oficie al presidente Zelensky para que libere a los mercenarios colombianos”.
Petro reiteró que Colombia no debe participar en guerras ajenas y que ningún miembro de la Fuerza Pública —“formado con dinero del pueblo”— puede usar su entrenamiento para servir a narcotraficantes o a conflictos extranjeros.
Armas en manos de civiles: el otro mensaje del Presidente
El mandatario también volvió a cuestionar la posesión civil de armas: “En mi opinión, ningún civil en Colombia debe tener armas, ni el presidente”. Pidió desmontar el sistema de venta y porte civil, al afirmar que miles de armas extraviadas o desviadas han terminado “matando a soldados” y alimentando el crimen organizado.
Un giro en la política de seguridad
Con la prohibición del mercenarismo y la intención de limitar radicalmente las armas en manos de civiles, el Gobierno busca cerrar brechas legales que —según el presidente— han facilitado la participación de colombianos en guerras extranjeras y el fortalecimiento de redes criminales internas.


