Entre lágrimas y música, Colombia despidió a Yeison Jiménez y a su equipo

Artistas de la música popular entonaron sus canciones

El día que cambió la historia de la música popular colombiana quedó marcada por el rugido del silencio. Un trágico accidente aéreo ocurrido el 10 de enero, en Paipa, Boyacá,  apagó la voz de Yeison Jiménez y la de cinco integrantes de su equipo de trabajo, dejando al país sumido en una mezcla de incredulidad, dolor y nostalgia.

Desde entonces, las canciones que hablaban de amor, despecho y esperanza adquirieron un nuevo sentido: el de la despedida.Este miércoles 14 de enero del año 2026, El Movistar Arena de Bogotá, se convirtió en el epicentro del duelo colectivo. En un homenaje público, miles de seguidores, familiares, amigos y reconocidos artistas del género popular se reunieron para rendirle el último adiós al hombre que transformó sus propias heridas en himnos del pueblo.

Las velas, las flores y los sombreros se mezclaron con acordes de guitarra y voces quebradas. En cada rostro se leía la misma pregunta: ¿cómo despedir a quien nos enseñó a cantar el dolor?

Paola Jara, Arelys Henao, Jessi Uribe, Pipe Bueno, Luis Alfonso, Pasabordo, Jhon Alex Castaño, Francy, Alexis Escobar y Ciro Quiñonez, entre otros cantaron los éxitos del artista fallecido. Expresaron su admiración y gratitud por Yeison Jiménez, destacando su humildad, su disciplina y la manera en que abrió camino a nuevas generaciones.

“El sueño de mi papá era vernos crecer”

El momento más conmovedor llegó cuando Thaliana Jiménez, la hija menor de Yeison, tomó la palabra. Su voz infantil, temblorosa pero valiente, paralizó el recinto.

Pidió a quienes aún tienen a sus padres con vida que los abracen, que los amen, que no posterguen el cariño. “Es muy duro tener que despedirse”, dijo, mientras el público contenía el aliento.

Recordó que el mayor sueño de su padre era verla crecer a ella y a sus hermanos. Un anhelo que, como confesó, ya no podrá cumplirse. Entre lágrimas, compartió un sueño que tuvo tras la tragedia: Yeison le pidió que oraran por su alma para que pudiera descansar en paz. La escena se selló con un silencio absoluto y un mar de ojos enrojecidos.

No hubo aplausos inmediatos. Hubo respeto. Hubo dolor compartido

Por su parte de resaltar la entereza y valentía de Luz Mery Galeano, la mamá del artista quien desde la  tarima despidió a su hijo:

“Hasta ayer decía: ‘No voy a poder cumplirle a mi hijo’; sentía que no tenía el valor. Hoy con orgullo le digo: ‘Vuela tranquilo, hoy acá está tu mamá, tu heroína (…) Te quiero prometer que en lo que Dios me preste la vida, estaré para estar pendiente de tus hijos, de tu esposa y de las personas que te rodeábamos y que quizás son más débiles que yo», sentenció en medio del silencio del Movistar Arena.

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“Nadie es eterno”: la voz que estremeció el adiós

El homenaje alcanzó su punto más alto de emotividad cuando Arelis Henao subió al escenario. Con la entereza que solo concede la experiencia del dolor, interpretó “Nadie es eterno”, una canción que en Colombia es sinónimo de despedida.

Cada verso cayó como una caricia y una herida. Muchos cantaron entre sollozos y levantaron sus celulares como si quisieran atrapar ese instante para no olvidarlo jamás.

 La música hizo lo que las palabras no podían: unir en un solo latido a miles de corazones rotos.

En redes sociales, seguidores de todo el país inundaron las plataformas con mensajes, videos y fragmentos de canciones que hoy suenan como despedidas anticipadas.

“Gracias por cantarnos lo que no sabíamos decir”, escribió una fans.
“Te vas, pero tu voz se queda en cada parranda, en cada herida que sana con música”, comentó otro.

En las afueras del Movistar Arena se quedaron más de tres mil personas quienes protagonizaron disturbios por el afán de querer despedir a su ídolo, por lo que la Policía tuvo que intervenir, y el acto finalizó antes del tiempo previsto.

Yeison Jiménez dejó éxitos y una forma de sentir. Su historia, marcada por la superación personal, seguirá siendo espejo para miles de jóvenes que sueñan con transformar su realidad. Colombia lo despidió como a los grandes, con lágrimas, con música y con la certeza de que nadie es eterno, pero algunos como él, se vuelven inolvidables.

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