Los retos y las tendencias en la transición energética

Aplicar nuevas maneras de producir, transportar y consumir energía implica muchos más aspectos que la instalación de vistosos paneles solares. ¿Qué papel juega EPM en este cambio y nosotros como usuarios consumidores?

La transición energética es un concepto actual y complejo que involucra múltiples variables, pero que podría simplificarse en un viejo adagio popular asociado a los negocios: no poner todos los huevos en la misma canasta.

Así lo explica Jairo Espinosa, profesor titular de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia y director científico de la alianza Energética 2030, quien detalla que esa transición implica movimientos tanto para las empresas como para los usuarios: cambios en la forma en la que se genera la energía, pero también en cómo se transporta, se utiliza y hasta se negocia; acciones que, normalmente, pasan desapercibidas:

Foto EPM

“Ampliar la canasta energética permite diversificar y no depender tanto del factor climático como la necesidad de lluvias para generar energía a través de las hidroeléctricas, o discusiones como la que está viviendo Europa con las reservas de gas y los combustibles fósiles. La idea es que los sistemas sean complementarios. Se trata de disminuir algunas fuentes que causan más impacto ambiental y utilizar recursos que sean renovables que es lo que muchos denominan energías limpias”, dice Espinosa.  

Pero la transición energética, ya lo decía el académico, es mucho más que eso. Implica también entender que tener más fuentes de energía, y más limpias, puede acarrear que eventualmente los costos aumenten cuando todavía no son tecnologías muy eficientes. Implica estímulos gubernamentales cuando productos como la energía fotovoltaica (paneles solares) o los parques eólicos todavía no son masivos, y una educación al usuario para que entienda el nuevo contexto en el que puede pasar de consumidor a prosumidor, es decir que también genere su propia energía.

Oportunidades

Laura Victoria Calderón, profesional de la gerencia de Planeación Corporativa y Empresarial de EPM, cuenta que la empresa sigue con atención cómo el negocio de la energía se transforma de a poco hacia energías limpias y fuentes no convencionales como la generación eólica, la solar y la geotécnica.

“En EPM hay una apuesta grande por ser un actor relevante en la transición que se evidencia, entre otras, en la distribución de biocombustibles, la transformación digital y en todo el tema de la economía circular. También vemos que la transición trae una oportunidad grande para Colombia con el hidrógeno (que funciona como vector energético y se utiliza para transportar energía)”, explica.

Para el profesor Espinosa es clave entender, a la hora de abordar la transición energética, que Colombia por su geodiversidad tiene fortalezas como la posibilidad de utilizar biomasa o energía geotérmica (volcanes), energía eólica, y un potencial fotovoltaico confiable. Sin embargo, dice que siempre hay que ser cautos y no pecar de un tecno-optimismo que implique que todo lo construido hasta ahora deba ser reemplazado de golpe: muchas de las actividades se soportan en combustibles fósiles que todavía resultan mucho más eficientes (en precio y en confiabilidad) que las nuevas tendencias.

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