Opinión | Entre la opulencia y la miseria

OPINIÓN | RAFAEL ROMAÑA «ROCO» 


Tacho: Amo a Turbo con olor a Waffe, mangle verde, cangrejo guisado, a champa vieja, a falda de negra que abanica la brisa ¿Y tú?

Estoy de acuerdo con que los presidentes deben tener algunos privilegios y su familia también pueden gozar de ellos, pero los privilegios deben ser justamente proporcionales a los que componemos el resto de la población. Si los hijos de Duque van a Panaca a celebrar un cumpleaños con sus amistades en un avión oficial vaya y venga, pero por equidad, los niños del Chocó y otras zonas deprimidas deben tener salud, educación, comida y medicamentos que les permita mejor la calidad de vida.

No voy hacer alharaca de algo que permitimos votando por los mismos, por nuestra actitud sumisa. Al votar me acuerdo de una frase de niño cuando el otro tenía la razón y gritabamos «chupe… revoletee y trague», así mismo es.

Tampoco estoy de acuerdo cuando critican a Petro por sus zapatos Ferragamo, o sea que un líder proletario debe andar de overol y de alpargatas. No señor, él se lo ha ganado porque es un hombre capacitado que trabaja como el disco del gran Combo, «le doy descanso a mis pies que tanto lo han merecido».

Igual critico a AMLO, pues trata de hacer una falsa humildad renunciando a la comodidad aérea de viajar tranquilo en un avión privado. Su carácter de jefe de Estado lo amerita. Eso no cambiará nada, pues todos los gastos públicos están sometidos a un orden presupuestal de cumplimiento. Los extremos, del lado que sean, es simple y llanamente el problema.

Está bien que aparezcan grupos pensantes en nuestro pueblo que saquen a flote sus inquietudes. Turbo necesita esas voces de apoyo y crítica constructiva, pero hay algunas que se desfasan en la objetividad, pues se ponen al servicio de un movimiento exclusivo o voz cantante de un seudo líder, con un sol lánguido que dejó de brillar, y le dan palo duro a quien no comulga con sus trasnochadas consignas y quieren que uno arme pelea con quien ellos llevan entre ceja y ceja, como si uno no tuviera criterio propio en buscar sus amigos o ganarse sus adversarios…

Bienvenidos los ecuánimes razonables y decentes al señalar o proponer los bélicos o tozudos, pueden existir, no soy quien para vetarlos, pero sí insinuarles respetuosamente que la crítica es permitida como parte de la democracia, pero esa misma democracia marca unos linderos infranqueables…

Un consejo de aprecio ciudadano: Si no eres capaz intelectualmente, si no eres coherente e imparcial en tus críticas, si no tienes pruebas suficientes sobre lo que señalas, si eres un monigote mensajero, si no manejas argumentos valederos según el tema, si tu personalidad es blandengue y si no tienes solvencia moral, si no tienes una mínima ortografía, si no eres bueno en analizar entre líneas un párrafo, es mejor que te quedes quieto.

No se necesita que seas un ultra, pero sí al menos que tengas comprensión de lectura y habilidad mental. Si no cumples con algunos requisitos simplemente eres, como diría, el filósofo de Chucunate, el gran y difunto Quecho: un «boqueroso» con mucho respeto…

Se las dejo ahí… Roco…

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