Opinión | Menos show, más flow

OPINIÓN EDUARDO ZAMBRANO

Abogado, líder político y social

Hace un año escribí una columna que llamé “Buenos Muchachos”, donde hacía relación a una intervención del 23 de febrero de 2019 de Carlos Berrío Sanmartín en la emisora Radio Litoral de Turbo, en la cual soy panelista (en receso voluntario).

En ese entonces decía Carlos Berrío que “él conocía el problema de los muchachos en conflicto en Turbo porque, según él, pasó un mes entre ellos…. dijo que los muchachos quieren es oportunidades de estudio y de trabajo”, eso le dijeron los muchachos.

Escribí hace un año que lamentaba mucho el mes que Carlos Berrío perdió entre esos muchachos, pero estas propuestas no dejan de ser un pésimo canto a la bandera. “Cualquier miembro de pandillas o muchachos que están en la ilegalidad, siempre van a decir lo mismo: ‘yo hago esto porque no tengo oportunidades’ o ‘mis hijos tienen necesidades y no los voy a dejar morir de hambre’ y otras de esas frases que recitan, sobre todo cuando los capturan robando”. Eso escribí entonces.

En esa columna de hace un año manifesté lo que me molestaban esos discursos justificativos de la violencia, como el de Berrío, y terminé diciendo que “En Urabá se requiere un Estado fuerte y que quienes aspiren a regir los destinos de nuestros municipios no anden tratando de priorizar el darles oportunidades a los delincuentes mientras la mayoría de los ciudadanos andamos con temor y sin poder hablar por el celular en la calle con tranquilidad. Al delincuente se le combate, no se le protege, la protección es para la gente que está siendo amedrentada por estos ‘buenos muchachos’”.

Desafortunadamente la situación que hoy vive Urabá, y especialmente Turbo, me dan la razón. La gente está mamada de que la roben, hemos visto videos en los que estos “buenos muchachos”, necesitados de “oportunidades”, roban un celular pasando por encima de un infante de unos dos años, a otros robando en una tienda a un señor que fue a comprar tal vez la leche para la casa… y es el pan de cada día.

El Estado y la sociedad deben dar respuesta bajo el manto de la legalidad e institucionalidad, y rápido, porque si no será la misma gente, que cansada de estos “buenos muchachos”, tome medidas por su propia mano.

Siempre he manifestado que la prevención es para con los niños, pero a estos jóvenes hampones la respuesta debe ser proporcional al reto que ellos le han puesto a la sociedad.

El 14 de mayo de 2019 Salió en EL TIEMPO el siguiente titular: “En Urabá, jóvenes de las pandillas están cambiando armas por alimentos” “La Policía y organizaciones sociales lideraron una jornada para canjear armas por mercados”. El 23 de septiembre de 2019 EL ESPECTADOR titulaba “En Turbo los padres entierran a sus hijos por la violencia de las pandillas”.

Lo primero no sirvió para nada, ese no es el camino, la cuestión es más de fondo, las pandillas y bandas delincuenciales ya no solo se acaban entre ellos, y en Turbo y demás municipios de la Región la gente y autoridades se hicieron los locos porque la cuestión no había llegado a las proporciones actuales. Pero hoy, cuando en Urabá y especialmente en Turbo, nadie se siente seguro, la gente quiere tomar medidas extremas que también resultan equivocadas.

Ahora que viene Duque a Urabá, los alcaldes de la Región deben liderar una propuesta seria sobre cómo combatir este fenómeno delincuencial, pero no solo ir a quejarse, deben ser propositivos, se requiere MENOS SHOW y MÁS FLOW.

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