Opinión | Mi amigo Anselmo Córdoba Caicedo

Por: Jairo Alberto Banquett

“Hoy 14 años que partiste de este mundo  mi gran amigo Anselmo. El que me enseñó la perseverancia y creyó en mí cuando nadie lo hacía. Gracias y sé que desde el cielo siempre me  acompañas», escribió en su página de Facebook Nosliu Zeley Vélez Llanos.

Anselmo compartió conmigo el sueño de que era posible derrotar a la clase política tradicional haciendo la diferencia, diciendo la verdad, por eso se unió en el año 2007, a nuestra propuesta de Apartadó con Rostro Humano.

Pero además se trajo a Elkin Salinas y a Nosliu Zeley Vélez Llanos, a quien desde el primer momento llamé ‘Mi Doctorcita’, por cariño, por el hecho de estar recién egresada de la universidad y por su baja estatura. Hoy es mi gran Doctora, educadora de verdad. 

Estos recién profesionales fueron parte de la dirección administrativa de un movimiento compuesto por amas de casas, cocheros, jóvenes como Adolfo Romero, obreros, campesinos, en fin personas que no habían soñado con inmiscuirse en política. Nunca nos importó ni la izquierda, ni la derecha, pero tampoco fuimos tibios.

Anselmo procedía de Unguía, Chocó. Vivía en el barrio Ortiz, no tuvo esposa ni hijos, no ingería licor y se acostaba temprano. Tenía una moto DT-125-la que mantenía impecable, no la prestaba, no la dejaba tocar de nadie, la mantenía reluciente, era su consentida. 

“Era muy bueno, siempre me daba ánimo, me decía que iba a salir adelante por mis medios. Que no tenía que andar rogando por un trabajo, siempre me dijo: el conocimiento pesa y nadie te lo va a quitar, usted siga luchando”, recordó Nosliu.

Anselmo fue supervisor de fincas bananeras, lo que a veces le dificultaba ir a las clases, pero se graduó en la UNAD en el año 2006, como Administrador de Empresas. Era inteligente y enamorado de las mujeres altas de estatura como él. La gente lo molestaba por su parecido con el líder político de Apartadó Phidalgo Banguero Zapata.

Enfermó, y la familia se lo llevó para Unguía, en donde el 29 de septiembre del año 2007, le dio un derrame cerebral y murió a los 42 años de edad: “Recuerdo el último día que pasó por mi casa,  me puse a llorar y no sabía por qué, fue la última vez que lo vi. Tenía la mirada perdida”, señaló Nosliu.

Anselmo fue un amigo de verdad, en el poco tiempo que me lo prestó la vida, caminábamos  parejo las calles de Apartadó, me contaba sus sueños, se alejaba de la cultura que él consideraba dañina,  le decíamos a la gente que lucháramos por la familia, sabía que con trabajo duro, y estudiando se podía salir adelante.  

A mis hijos, familia y conocidos siempre les habló del afrodescendiente libre pensador, del obrero bananero cimarrón,  que estaba seguro que la política es el arte de servir.

Hoy 14 años de su muerte, con Elkin y Nosliu,  volvimos  a darnos cuenta que hay gente que no se hace notar pero cuando no están, a pesar del tiempo, se siente su ausencia.

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