Opinión | No es un cuento chino

 

OPINIÓN | JAIRO BANQUETT

Comunicador social periodista 

Hace pocos días un colega me planteó su preocupación porque unos 600 chinos estaban trabajando en las obras del Túnel del Toyo y Mar Dos, en detrimento de los empleos de la gente de los pueblos en donde las obras generan impacto. Los chinos no solo brindan mano de obra calificada, sino que también alzan y bajan las paletas del pare y siga.

Preocupado por la situación incluí el comentario en la agenda para el programa de radio Reporteros Comunitarios de Antena Stereo, y cuando entrevistábamos al coronel José Luis Bastidas Moreno, nos dijo que ya habían 1.200 chinos, y que próximamente serían 6.000 más, algo comparado con la ola de asiáticos que hace unos años solo llegaban de tránsito y como migrantes ilegales en busca del sueño americano, pero ahora vienen por el sueño colombiano.

Según informes de prensa, dentro de poco llegarán mil chinos a Bogotá para la construcción del Metro, más los que están llegando a trabajar en una mina del occidente antioqueño y de dos bananeras que adquirieron para ellos mismos comercializar la fruta con su país.

La llegada de los asiáticos se unirán a los 6.500 venezolanos que solo viven en Apartadó, los que ya de por sí compiten por nuestra mano de obra y generan fuga de divisas que son enviadas a su País de origen.

Los chinos tienen una sobrepoblación y su llegada, permanencia y estadía también podría generar un impacto negativo con los hijos que conciban, que quedarán como una carga para familias, y la sociedad del occidente y el Urabá si los gobiernos departamental y municipales no generan campañas de responsabilidad en ese sentido.

La llegada de los oji-rasgados se volvió más preocupante, no porque nos quiten los puestos laborales en obras de impacto regional como Mar Dos y el Túnel del Toyo, sino que se llevarán las utilidades, y para colmo de males ahora son acosados por la peligrosa enfermedad llamada Coronavirus, que tiene en cuarentena a sus propios ciudadanos.

No es un juego ni es un cuento chino, pero las autoridades debieran hacer una estricta evaluación de los migrantes, no solo en el aspecto de salud, pues también nos han informado que ponen trabas para liquidar los contratos de obras con nuestros coterráneos. Hace poco los nuestros les hicieron un plantón en la sede de la empresa que tienen en Mutatá.

Bueno sería que la oficina regional del trabajo le brindara un informe a los habitantes de Urabá, sobre las condiciones laborales de los nuestros y los chinos, que al parecer son apetecidos porque trabajan como hormigas, de seguido y sin derechos como los que tenemos los colombianos.

Urabá ha sido una mezcla que he llamado “Chochipais” (chocoanoschilapospaisas) pero como están las cosas con la llegada de chinos y venezolanos tendremos que agregarle a la anterior jerigonza el “vechi”, venezolanos- chinos, porque esos asiáticos cuando degusten de nuestros platos en todas sus presentaciones no querrán volver a su País, en donde apenas pueden tener un hijo, y aquí nadie les dirá que no hagan su docena de “vechichochipais”.

Parece un chiste, y seguro que a más de uno le sacaré una carcajada, pero abramos los ojos con los chinos que nos están invadiendo con tecnología e inversión.

A lo Diomedes y ‘ROCO’: “se las dejo ahí”…

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