Tristán de Acuña, isla principal de un archipiélago británico compuesto por varias islas en el Atlántico Sur, está a casi 3.000 km de distancia de tierra firme, no cuenta con aeropuerto y no ha presentado casos del nuevo coronavirus.
Para llegar a la isla hay que vivir toda una travesía; se debe llegar primeramente a Ciudad del Cabo en Sudáfrica y desde allí navegar durante 18 días a través de los mares más agitados del planeta, entre niebla, fuertes vientos y grandes olas. Finalmente se encontrará Edimburgo de los Siete Mares, capital de Tristán de Acuña y única población.
Sin embargo, también existe un viaje ‘rápido’, el cual dura seis días a bordo del barco SA Agulhas. Lamentablemente este cubre la ruta de 2.810 km solo una vez al año, y el espacio a bordo es muy limitado.
Otra opción es considerar viajar en los pocos barcos de pesca que van y vienen. Pero así como es de difícil llegar también lo es salir.
El coronavirus no ha llegado a Tristán de Acuña, pero la pandemia sí ha afectado al lugar, pues el bloqueo en Sudáfrica significó que los barcos que normalmente transportan mercancías a la isla no pudieran salir de los muelles en Ciudad del Cabo, por lo que la cadena de suministro, que es frágil en el mejor de los casos, se vio gravemente afectada.
La población
En el último recuento realizado, se confirmaron 245 habitantes, 133 mujeres y 112 hombres, residentes en Edimburgo de los Siete Mares.
Según el medio BBC, los habitantes cuentan con una cafetería, un salón para eventos sociales, una oficina de correos, y un pub: The Albatross. También un pequeño pero moderno hospital y una escuela aún más reducida. Estos dos últimos lugares son atendidos por un médico y un profesor que vienen con contratos temporales desde Reino Unido, ya que el lugar es un territorio británico de ultramar.
«A menos que abandones la isla, pronto te darás cuenta de que las personas con las que vas a la escuela serán las mismas con las que vivirás por el resto de tu vida», dijo Alasdair Wyllie, quien hasta hace poco vivía y trabajaba allí como asesor para proyectos de agricultura.
La isla cuenta con seis apellidos principales: Lavarello, Repetto, Rogers, Swain, Green y Glass.
Harold Green, habitante de la isla, le dijo a BBC que el lugar es tan seguro que no hay cerraduras, y que la conexión a internet es muy mala. Además, cuando el teléfono funciona, todas las llamadas al extranjero son gratuitas.
Los habitantes de la isla capturan y congelan una especie de langosta de agua fría llamada Tristan Lobster, que cuando se puede exportar, proporciona el 70% de los ingresos de la isla.
La diversión
Existe una carretera que lleva unos 3 km a lo largo de la costa hasta «los parches», una serie de pequeños campos protegidos de los fuertes vientos por muros de piedra. Allí los habitantes suelen pasar unas pequeñas vacaciones fuera de la ciudad durante el verano.
El pasatiempo favorito de los locales es realizar una barbacoa o un braai, una influencia de la «cercana» Sudáfrica.
“Tocar instrumentos musicales y cantar solía ser una parte importante de la vida en la isla, pero en estos días la mayoría de la gente prefiere pasar su tiempo libre frente a las pantallas”, dijo Alasdair.
Otra opción para entretenerse es caminar alrededor del lugar y contemplar los profundos valles y las crestas escarpadas que ascienden hasta los 2.062 m sobre el nivel del mar, lo cual no es difícil ya que la isla en ninguno de sus puntos tiene más de 10 km de ancho.
Islas cercanas
Tristán de Acuña es la isla principal de un archipiélago volcánico que lleva el mismo nombre y del que forman parte otras islas.
En el archipiélago se encuentran las Islas Nightingale, donde las aguas son menos traicioneras, pero tienen fuertes corrientes y tiburones.
También están la Isla Inaccesible y la escarpada Isla Gough, donde Sudáfrica tiene una estación meteorológica y algunos meteorólogos en rotación anual.
Después de muchos años, nació bebé en la isla
Debido a las condiciones por la actual pandemia, nació un bebé en la isla por primera vez en años.
BBC conoció que, para evitar complicaciones, las mujeres suelen viajar a Sudáfrica antes de dar a luz, pero con el confinamiento y las comunicaciones cortadas, el bebé tenía que nacer en Tristán.
La madre y el bebé gozan de buen estado de salud, y los habitantes recibieron encantados al nuevo miembro de la isla.
Los primeros colonos de Tristán llegaron a principios del siglo XIX y, aunque la población ha variado desde entonces, en las últimas décadas ha ido disminuyendo.


