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ESPÍRITU NAVIDEÑO por Tomasa Medrano Ramos

Cuando llega el mes de diciembre nos envuelven sentimientos encontrados, dependiendo  de las experiencias vividas o los acontecimientos que nos han ocurrido.  Diciembre está  asociado a las alegrías, a los encuentros con personas que hace tiempo no frecuentamos o no vemos, ya por asuntos laborales, enfermedades, o viven en otros países.

Para muchas personas la Navidad es un tiempo para compartir en familia, otras para viajar y divertirse de acuerdo a su presupuesto. Total  cada quien se ajusta a su realidad. 

En mi infancia recuerdo que la asociaba con regalos o los famosos “traídos“ del Niño Dios, que muy pronto descubrí quien los dejaba  cerca de mi cama y por no quedarme callada, me dejaron sin nada en los años siguientes por haber terminado con la magia de la Navidad, así que cuando quería un regalo sabía que debía portarme bien, ser obediente y muy juiciosa en la casa y en la escuela, para que mis padres me compraran algo que de acuerdo a sus posibilidades les pidiera. 

No salíamos con las  exigencias como los niñ@s de esta época en la que muchos padres ahorran todo el año para complacer los exagerados y desproporcionados gustos de sus pequeños “angelitos“, quienes en algunos casos  no aceptan las orientaciones  ni los respetan, e incluso hay padres  que hasta les da miedo llamarles la atención; no se sabe quién manda a quien…

Invito a las familias a retomar esos  principios y valores que se han perdido y que hoy se hacen necesarios impartir, como el respeto a los adultos,  la escucha responsable, la honestidad, la solidaridad, el trabajo, la justicia. Hay que  promover las buenas prácticas de civismo, urbanidad, ética, moralidad. 

Respetar lo ajeno y cuidar los bienes públicos. Entender que todos nos necesitamos, que debemos compartir con quienes no tienen, ayudar a quienes lo necesiten.

La Navidad es tiempo para compartir, dar, disfrutar la dicha de estar vivos, con buena salud, completos, también dar gracias por nuestro trabajo, los alimentos que se sirven en cada mesa y la posibilidad de hacerle la vida grata a otras personas que se encuentran desesperadas, sin salidas, cargadas de tristezas.

 Ese es el verdadero espíritu navideño, el bondadoso, no el que presume de  tenerlo “todo”,  del que oscurece la casa del vecino con las miles de luces de sus grandes ventanales o la suntuosidad de su gigantesco árbol de Navidad. 

Elevemos plegarias de amor por un mejor año y una vida mucho más tranquila para todos en esta maravillosa región.

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Si llamó tu atención esta nota, también lo hará el paquete Chiva2021...

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